Farmacias en tiempos de barro

Son muchos días intentando encontrar el momento de sentarme a escribir por aquí sobre lo tristemente acontecido.  

Ocurre que cuando empiezo,  me resulta enormemente difícil expresar este revuelto de emociones que me invade, como a todos los valencianos, desde aquel fatídico 29 de octubre. 

Persiste el nudo en el estómago, el desasosiego y una profunda pena.  Porque todavía resulta incomprensible como en pocos minutos pudo cambiar así la vida de tantas personas, muchas conocidas y queridas. 

Nos acercamos a las tres semanas desde la tragedia, y el malestar, y ese «algo» en el ambiente constante y pesado continúan impidiendo que nuestras rutinas se recuperen. Las cosas tardarán a ser como antes. 

Saturados por  incesantes impactos informativos,  pendientes de los relatos cercanos tremendamente dramáticos que no dejan de sucederse, nos resulta imposible desconectar. Tampoco creo que queramos hacerlo la verdad,  al menos  hasta que no veamos más avances y ayudas efectivas. 

A estas alturas quizá nos sentimos un poco anestesiados al dolor. No por falta de empatía, sino más bien por un mecanismo de defensa  natural que nos permite  tolerar vivir como espectadores un nivel de destrucción humana y material que nunca imaginamos ni sentimos tan cerca.

Ahora nos toca seguir y  trabajar, y sobre todo seguir ayudando en lo que podamos. También escuchando y apoyando más que nunca todo lo que hacemos desde el corazón. 

Agrademos cada día arriba, (o donde cada cual se refugie espiritualmente ),  el estar bien y el tener a los nuestros bien. Y los que estamos aquí al lado pero no hemos sido afectados directamente en lo vital,  somos perfectamente conscientes de nuestra buena suerte.  

La DANA en clave de farmacia

La desgracia se ha cebado con las vidas de muchos. Lo más valioso e irrecuperable.

Cuesta de creer, y seguimos dándole vueltas a cómo es posible que no se pudiera evitar. 

 A todas esas familias rotas para las que ahora no hay consuelo,  de nuevo mis condolencias, mi apoyo, y máxima empatía. 

La destrucción material que ha acompañado a tantas desgracias personales es enorme en intensidad y en dimensión. Siendo cientos, miles de hogares y negocios, los que  ahora tienen que empezar de cero, en el sentido más crudo y más difícil e involuntario de la expresión. 

 Es el caso de tantos compañeros y compañeras farmacéuticos  de la zona DANA, que han visto como sus farmacias, y el esfuerzo de muchos años de trabajo, han quedado reducidos a la nada en pocos minutos.

Muy salvaje todo.

Me sorprendo y también me enorgullezco de ver como en tiempo récord muchos de ellos  han conseguido levantar la persiana. Con lo mínimo para estar operativos, y en unas  condiciones absolutamente precarias, pero todos deseosos de remontar y empezar a dar servicio a sus pacientes cuanto antes.  Como sea. 

La prioridad total ahora es empezar, y que los tratamientos lleguen a todos los que los necesitan a tiempo. 

De nuevo tras una pandemia todavía muy reciente en nuestra memoria, se produce una situación enormemente crítica en la que reflexionar sobre esa  atención sanitaria en la primera línea tan cercana y tan necesaria que suponen las farmacias.  

En la mayoría de las zonas afectadas las han sido  los primeros establecimientos en retomar la actividad. Un gesto y un esfuerzo que estoy segura la gente de sus poblaciones  nunca olvidará.   

Porque los reafirma de nuevo como el servicio esencial que son, donde el respaldo humano, y el acompañamiento en el cuidado de la salud va mucho más allá de la dispensación de las recetas. 

No me olvido aquí de esos pocos compañeros,  que en zonas muy devastadas, tuvieron la fortuna de poder seguir en pie desde el principio. 

Valientes que no han dejado de trabajar en una «farmacia de guerrilla»,  adaptándose a las nuevas  circunstancias día a día como pueden. En largas jornadas, con ayuda de voluntarios,  el apoyo del MICOFV, los distribuidores…etc. Con un  tremendo caos en sus  repartos, sus stocks…pero ahí, en marcha,  asistiendo a todos los que ahora más lo necesitan.  Todos a una. 

Veo equipos agotados y estresados, pero también  satisfechos y contentos de  poder ayudar y aportar un poco de  calma dentro del caos. Ellos han enfrenado probablemente el reto profesional más complicado que les tocará vivir en sus vidas, y con una sonrisa.   

Fuertes, potentes y más cohesionados que nunca, están enlazando maratonianas jornadas con las  jornadas de sus casas, muchas veces también en proceso de limpieza, y recuperación. 

Team building de guerrilla

Desde  la mirada de mi rol como coach farmacéutica, contemplo cada día alucinada esa capacidad de trabajo, la rapidez en la reacción y la tremenda evolución como equipos. Cómo se apoyan,  se retroalimentan positivamente, se sostienen entre ellos, tienen claro casi sin instrucciones qué hay que hacer y cuáles son las prioridades. Reaccionando en bloque, y sacando la faena como una una máquina capaz de improvisar soluciones y de  generar una coreografía invisible de progreso.

No hay ni habrá dinámica de equipo que supere en resultados este aprendizaje tan traumático. Capaz de generar una cohesión similar a la que significa sentirse parte y solución de una crisis de semejantes características. 

Aflora lo mejor, a pesar del cansancio y de las tensiones inevitables.

Este es un liderazgo desde la emoción y la necesidad. El que nace espontáneo desde  los valores más profundos,  el que  arropa a estos equipos que lo pasan mal, pero que saben que hay que avanzar.

 Se están creando unos lazos invisibles que sobrevivirán cuando todo pase. 

Estas son farmacias en los  tiempos de barro. Y esta mi humilde reflexión  desde la admiración y el máximo respeto. Un pequeño  homenaje  a tanto esfuerzo y compromiso hacia todas esas personas que han perdido tanto en estos días.

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